Colombia venció la lepra, el sarampión, la rubeola, la tosferina, la fiebre amarilla y el paludismo, en momentos en que los grandes monopolios y negocios de la salud no habían patentado todo el conocimiento ancestral medicinal de negros y nativos.
En Colombia la campaña más ofensiva para detener su ingreso es lavarse las manos con agua y jabón, y aunque parezca normal, hay que hacerlo para impedir hasta donde sea posible su ingreso, al menos mientras que los laboratorios encuentran la vacuna que nos devuelva la tranquilidad y nos quite el miedo a ese virus hasta que inventen otro.