Reivindicar el oficio no nos da una patente de superioridad: Por Ricardo Andrés Giraldo Cifuentes
La elección de Abelardo de la Espriella, abogado penalista formado en el litigio, y su llegada a la Presidencia de la República produjeron en muchos colegas una satisfacción comprensible —me incluyo—. Durante años, quienes ejercemos la defensa penal hemos soportado una sospecha tan injusta como persistente: la de ser confundidos con nuestros clientes, sus conductas o los delitos que se les atribuyen. Que un litigante alcanzara la primera magistratura del Estado fue recibido, por algunos, como un