Independiente de nuestra condición humana, de cómo se conciba la divina, independiente de nuestros amores o desamores, nuestros rencores o pasiones, hay un ser especial que originó con el posible pecado la palabra amor...
Hago homenaje a la amiga, novia, esposa, amante, a la profesional, a la hija, ama de casa, a la madre y a la abuela. Lo hago con conocimiento de causa sin vanagloriarme, pues yo pecador he vivido esas etapas llenas de amor, de pasión de felicidad o desenfreno. En cada uno de esos episodios de sin igual compañía he sabido diferenciar el respeto, la lealtad, la fidelidad y el afecto.