Ambos se buscaron los votos imponiéndoles sellos personales; Daflis es producto de un proceso político perseverante comenzado en la última década del siglo pasado, cuando con ímpetu juvenil llegó al Concejo de Turbo por primera vez en 1992, lo hizo de manera independiente, con la bandera de la Fundación Universitaria, y de la necesidad de la construcción del Puerto. Es tanta la pasión que le pone a las cosas en las que cree, que se ganó desde entonces el remoquete del “Loquito Daflis”.
Daflis y Camilo son huesos duros de roer, ojalá que sigan resistiendo a las engañosas mieles de la corrupción, para que no sean flor de un día sino los caracterizados voceros que se ganaron un cupo en la Asamblea por sus propios méritos y por estar al lado del pueblo que derrotó a los poderosos dueños de los peajes.